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jueves, 17 de septiembre de 2026

El peligro de confundir corporativismo con integridad.

"¿Hasta la mafia tiene ética"? Según el Ministro Gilmar Mendes, no se investiga a un colega de trabajo ni a sus familiares. ¿Será?

17/09/2026 15 lecturas
El peligro de confundir corporativismo con integridad.

El debate ocurrido esta semana en el pleno del STF sacó a la luz una frase que impactó al país: "Hasta la mafia tiene ética". La declaración fue realizada por el ministro Gilmar Mendes al criticar la conducción de investigaciones por parte de su colega André Mendonça, argumentando que la exposición pública de colegas del tribunal y sus familiares constituiría un comportamiento inadecuado.

Más allá del escenario político y jurídico, esta discusión enciende una alerta fundamental para el mundo corporativo e institucional: ¿qué significa realmente tener ética cuando los involucrados son nuestros colegas o familiares?

La distorsión de la "ética del silencio" en el ambiente de trabajo

El término "ética de la mafia italiana" hace referencia históricamente a la omertà — el código de silencio y lealtad ciega que protege a los miembros del grupo, independientemente de la gravedad de sus acciones. En el mercado laboral y en las instituciones públicas, esta lógica muchas veces se manifiesta de forma sutil a través del corporativismo y el favoritismo familiar.

Cuando el afecto por un familiar o la conveniencia de una relación profesional se superpone al deber de justicia, ocurre una inversión peligrosa de valores:

  • Blindaje institucional: Proteger a un colega o familiar de investigaciones o feedbacks necesarios en nombre de una falsa "lealtad".
  • Privatización del interés público: Tratar el ambiente profesional y los bienes colectivos como una extensión del patio de casa.
  • Confusión de roles: Creer que proteger el error de quienes están cerca es una virtud, cuando en realidad es complicidad con la desviación de carácter.

La verdadera ética no sirve para proteger a las personas de forma selectiva; sirve para salvaguardar principios. Si una "ética" exige ocultar la verdad para blindar a un aliado, deja de ser moralidad y se convierte en un pacto de conveniencia.

Dentro de mis atribuciones como CFO tuve que investigar en muchas ocasiones denuncias realizadas por empleados, clientes y proveedores respecto a pares e incluso a superiores. Es una situación en la que nadie quisiera estar, pero es necesaria para mantener la integridad de los procesos en la empresa. Lo importante es actuar con imparcialidad, que la búsqueda sea genuinamente por la verdad y que exista un comité idóneo capaz de decidir. Lo que lamentablemente quedó claro para nosotros los brasileños es que ese no es el caso en nuestro STF, pues no tiene sentido que el relator se convierta en imputado o que el propio investigado pueda votar sobre un proceso en el que él mismo es investigado. De hecho, todo suena muy mal en nuestro Supremo Tribunal Federal; pobre del país que depende de una corte suprema como ejemplo de conducta y comportamiento, donde prevalecen, en transmisión nacional pública, los intereses personales por encima de los intereses institucionales y de la nación.

El concepto de ética según la Biblia: La Verdad por encima de los lazos de sangre

Muchas veces, los individuos intentan justificar la protección del error bajo el pretexto de "defender a la familia" o "mantener la paz". Sin embargo, la ética bíblica establece un estándar riguroso que no se doblega ante el nepotismo ni el compadrazgo.

La Palabra de Dios nos muestra que la integridad y la justicia divina deben aplicarse por igual a todos, independientemente del apellido:

  1. La justicia no hace acepción de personas: En Deuteronomio 16:19, la orientación es clara: "No pervertirás el derecho, no harás acepción de personas". La vara moral que mide al desconocido debe ser la misma que mide a tu hermano o a tu colega de trabajo.
  2. La responsabilidad individual: El profeta Ezequiel (Ezequiel 18:20) nos recuerda que cada uno responde por sus propios actos. Intentar ocultar el error de un hijo o de un compañero profesional para evitarle el "bochorno" contradice el principio bíblico del arrepentimiento y la rendición de cuentas.
  3. El ejemplo del Sumo Sacerdote Elí: En la Biblia, el sacerdote Elí fue severamente juzgado por Dios (1 Samuel 2) no porque él mismo hubiera cometido crímenes, sino porque, al conocer las desviaciones de carácter y la corrupción de sus propios hijos, prefirió la indulgencia y el silencio en lugar de la corrección justa. Honró a sus hijos por encima de Dios.

Conclusión: El desafío del liderazgo ético

Liderar con base en principios bíblicos y morales exige valentía. Significa comprender que amar a nuestra familia o respetar a nuestros colegas de trabajo no nos otorga el derecho de convertirnos en cómplices de sus errores ni de silenciar la verdad.

En un mercado que frecuentemente flirtea con el relativismo moral, el profesional de valor se destaca cuando elige la rectitud, aunque eso signifique ir en contra de intereses cercanos. Al fin y al cabo, una institución que tolera el silencio cómplice deja de deliberar con libertad y pierde su razón de existir.

¿Cómo gestionas el equilibrio entre la lealtad hacia las personas y la fidelidad a tus valores innegociables en tu día a día profesional?

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