¿Eres del tipo que cuando está en un desafío interesante ya está pensando cuál será el próximo?
¿Apenas termina uno y ni se permite celebrar porque disfruta más de la ejecución que de la conclusión del anterior?
Si respondiste que sí, probablemente sufres del síndrome del Inquieto. En el libro "Inteligencia Positiva", Shirzad Chamine describe los saboteadores de la mente: patrones automáticos que bloquean nuestro potencial y generan estrés innecesario. Entre ellos, un perfil muy común en el entorno corporativo actual es el Inquieto (o Restless, en su terminología en inglés).
Quien tiene este saboteador activo suele ser visto como dinámico, creativo y lleno de energía. Pero, detrás de la fachada de "alta productividad", el Inquieto esconde una trampa silenciosa que, si no se gestiona bien, puede terminar en un burnout:
El síntoma: Una búsqueda incesante de novedades. El proyecto apenas comenzó y la mente ya está creando el siguiente. El aburrimiento con la rutina es inmediato, la impaciencia es constante y la atención vive fragmentada en decenas de pestañas abiertas en el navegador (y en la vida).
La mentira que le cuenta: "La vida es demasiado corta. Si me detengo o me enfoco en una sola cosa, voy a perder mejores oportunidades." Intenta realizar varias actividades en paralelo y les dice a sus jefes que necesita más desafíos y que puede absorber más actividades.
La realidad oculta: El Inquieto usa el exceso de actividades y el dinamismo como un escudo inconsciente para huir de la ansiedad, de problemas complejos o de conversaciones difíciles. Anestesia el malestar manteniéndose ocupado.
Hace poco tiempo, atendiendo a un coachee en mi proceso de mentoría, él describió con precisión el impacto real de este saboteador:
"Al inicio de mi carrera, el perfil Inquieto me hacía cambiar de empresa cada dos años. Siempre luchaba mucho por un ascenso. Cuando finalmente llegaba, pronto venía la frustración y, pasados los dos años, ya estaba pensando en el siguiente paso. Vivía bajo el engaño de pensar: 'no soy de rutinas, prefiero proyectos'. Pero la verdad es que eso me llevaba a nunca consolidar ningún proyecto ni ningún equipo. El resultado era que me veían como un gestor que no desarrollaba personas."
¿El precio de esto en la carrera? Proyectos estratégicos dejados a medias, cansancio crónico y colaboradores agotados intentando seguir un ritmo caótico. En la vida personal, desequilibrio y familia dejada de lado, riesgo de estrés, inestabilidad emocional y burnout. La agilidad se convierte en ansiedad disfrazada de movimiento.

¿Cómo liderarse a uno mismo y desarmar al Inquieto?
- Ponle nombre al saboteador: Cuando sientas el impulso de abandonar una tarea larga o iniciar algo nuevo sin terminar lo anterior, detente y reconoce: "Este es mi Inquieto actuando, no mi necesidad comercial real".
- Practica el anclaje (Repeticiones de MP): Cuando la mente se acelere, tráete al presente. Obliga a enfocarte por algunos segundos en el peso de tu cuerpo en la silla o en tu respiración antes de tomar una decisión.
- Cambia la búsqueda de novedad por la búsqueda de profundidad: El verdadero crecimiento profesional y la innovación real ocurren cuando sostenemos el foco en lo que es complejo, consolidando legados y desarrollando personas.
La agilidad es una virtud esencial en el mercado actual, pero debe orientarse con intención, y no por impulso.
¿Te reconoces en este perfil o ya has liderado a alguien así?