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sábado, 1 de agosto de 2026
¿Alguna vez tuviste que hacer sacrificios personales para invertir en tu carrera?

¿Alguna vez tuviste que hacer sacrificios personales para invertir en tu carrera?

29/06/2026 59 lecturas
Cuando tenía 36 años, mi esposa y yo tuvimos nuestro primer hijo. En ese momento, ejercía una función de gerencia ejecutiva y recibí la oportunidad de una expatriación a México, cuando nuestro bebé tenía apenas 8 meses. La decisión no fue fácil; sopesamos cada aspecto con cuidado. Optamos por asumir el desafío, ya que recibiría una promoción a una dirección estatutaria. Esta experiencia representaba un salto significativo en mi carrera y en mi desarrollo profesional.

Mi esposa, por otro lado, tuvo que poner su carrera en pausa, pues no podría ejercer su profesión durante mi expatriación. Ella apoyó mi decisión, enfrentando la maternidad por primera vez lejos del apoyo familiar y de los amigos, además de tener que adaptarse a una nueva cultura. La soledad y la incertidumbre estuvieron presentes, pero uno de los factores que nos ayudó enormemente fue la iglesia. Somos presbiterianos y, al poco de llegar, la comunidad local nos acogió calurosamente, convirtiéndose en nuestra nueva familia. Esos amigos se convirtieron en un apoyo emocional vital y fueron fundamentales para nuestra adaptación.

Recuerdo nuestra primera Navidad en México, que, por la diferencia horaria, ocurrió tres horas antes que en Brasil. Estábamos solos en casa, yo, Carol y Lucas. En ese momento, la gran duda era si habíamos tomado la decisión correcta. Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que esa experiencia nos fortaleció como familia. Aprendimos a superar desafíos juntos, lo que nos hizo más resilientes y nos fortaleció como pareja. Por eso, cada logro que obtenía en el trabajo me esforzaba por celebrarlo con ella y siempre reconocía que era un logro de ambos, pues el sacrificio era conjunto en pos de alcanzar nuestros objetivos personales. 

Ese camino también me fortaleció como ejecutivo. Me volví más completo, aprendí a aceptar y valorar la diversidad en las personas y a comprender otras culturas y sus formas de alcanzar resultados. Ganamos una nueva familia y ampliamos nuestro repertorio cultural, creando amistades que mantenemos hasta hoy. México se convirtió en un país que amamos, y esa experiencia nos moldeó de maneras que nunca imaginamos serían posibles.

Entiendo ahora que los sacrificios personales son muchas veces necesarios cuando se tiene un propósito claro. El equilibrio entre la vida profesional y la vida personal es fundamental; el éxito en un área debe reflejarse positivamente en la otra. La clave está en encontrar un balance que beneficie tanto la carrera como la vida familiar. 

Este aprendizaje se extiende a otras áreas de la vida. Los sacrificios, cuando se hacen con intención y claridad de propósito, pueden abrir puertas y proporcionar un crecimiento que, de otra manera, no habríamos alcanzado. Así, al mirar hacia atrás, veo que sí, siempre vale la pena hacer sacrificios personales cuando se tiene un propósito claro de a dónde se quiere llegar y ese propósito está alineado con los valores personales y mantiene la propia integridad. 

¿Y tú has tenido experiencias similares? ¿Estás de acuerdo con este enfoque? Cuéntame.


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