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sábado, 1 de agosto de 2026
¿Alguna vez trabajaste con un líder que se apropia de todo el mérito por los resultados positivos, ese típico «jefe protagonista»?

¿Alguna vez trabajaste con un líder que se apropia de todo el mérito por los resultados positivos, ese típico «jefe protagonista»?

02/07/2026 25 lecturas

El actual entrenador de la selección brasileña, el italiano Carlo Ancelotti, es ampliamente reconocido como uno de los más grandes técnicos del fútbol moderno. Su modelo de liderazgo se aleja del protagonismo excesivo adoptado por muchos de sus pares. Ancelotti se destaca por su postura firme, discreta y humilde, características que conquistan la lealtad de los jugadores e incentivan un comportamiento similar dentro del grupo, evitando protagonismos exagerados. Él afirma: «Los logros pertenecen al equipo, mientras que las derrotas son mi responsabilidad.» Este enfoque reduce la presión sobre los jugadores, quienes no necesitan justificar los resultados ante la prensa y la afición. Cuando el equipo funciona bien, Ancelotti permite que el protagonismo sea compartido, reforzando el sentido de colectividad.


Al aplicar este concepto al contexto empresarial, me gusta mucho el libro Empresas que Perduran, de Jim Collins. En su estudio sobre empresas exitosas, Collins identificó que una de las principales características de sus fundadores o líderes era la humildad, combinada con una gran voluntad de ganar. Estos líderes atribuyen los éxitos al equipo, mientras asumen la responsabilidad por los errores, evitando la necesidad de estar siempre en el centro de atención. Otras características principales de estos líderes incluyen:

Foco en la mejora organizacional a largo plazo: No buscan únicamente el éxito inmediato, sino que construyen sistemas, culturas y valores que perduran por varias generaciones.

Priorizan el propósito: Priorizan los valores esenciales y un propósito mayor, en lugar de concentrarse únicamente en el resultado financiero a corto plazo.

Forman a sus sucesores: Preparan líderes dentro de la propia empresa, garantizando la continuidad del negocio incluso tras la salida del fundador.

Resiliencia y búsqueda de la mejora continua: No se concentran en superar a la competencia a cualquier costo, sino que buscan perfeccionar constantemente sus negocios, impulsando la superación de metas, la gestión de crisis y la búsqueda de innovaciones.

Un líder humilde deja un legado duradero, sin preocuparse por dar su nombre a salas o auditorios, sino por construir resultados y una cultura sólida que garanticen la longevidad y sostenibilidad de la empresa y del equipo.

En una sociedad que valora la cantidad de seguidores y los «likes» en sus actividades, un estilo de liderazgo humilde y discreto puede no ser muy valorado por el mercado. Sin embargo, estoy convencido de que marca una diferencia fundamental para el equipo y para la empresa. Lo contrario —trabajar con líderes vanidosos y arrogantes, que buscan apropiarse del mérito del equipo— puede generar resultados inmediatos, pero no se sostiene a largo plazo.

¿Y tú? ¿Con qué tipo de jefe prefieres trabajar? ¿Has tenido experiencias con líderes humildes o protagonistas?

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